¿Qué me hace este objeto? ¿Qué quiere de mi?

 

Norberto 2

Devenir objeto.

Reconocemos que los objetos nos afectan como una manera de relacionarnos con el mundo. Pero lo cierto es que el mundo que hoy conocemos es el triunfo de los objetos sobre nuestras vidas. Para algunas personas valen más que un ser humano, y en consecuencia, miramos nuestro entorno como una cosa objeto de otra cosa y no como el complejo sistema de relaciones y desplazamientos que es. Así que reconocernos sería afirmar que somos objetos como cosas y objetos como constructo. Según Bunge (físico y filósofo materialista) se puede ser una u otra cosa, pero no las dos al mismo tiempo. Juguemos a la anomalía efímera y a la falta de rigor y pensemos que es posible una tercera opción, sujeto cosificado como objeto a la vez que sujeto constructo relleno de sustancia conceptual. Una cosa objeto humano o un objetoyomisma. Así que la pregunta ¿qué me hace el objeto? es existencial, dice ¿qué me hago a mi misma? Es también una pregunta íntima aunque se expone a toda la exterioridad de la relación que construimos con los objetos.

Como en casi todos los aspectos de nuestra vida, lo que nos hace un obejtoyomisma está determinado por la voluntad de ser, por la capacidad de gobernar nuestros actos y conducirnos hacia un fin determinado. Esta voluntad se caracteriza por un continuo devenir que se afirma en el querer ser siendo. Así que lo que nos hace un objeto es querer devenir objeto, es decir, en la era de la superabundancia de objetos esto equivale a “ser siendo objeto”. Devenir cosa u objeto no es tener una existencia inferior. A mi parecer objetos somos más que sujetos y juntos hacemos mundo. Cosa u objeto es nuestra condición existencial y su valor depende del propio sujeto y de su contexto, ¿qué valor asignamos a los objetos, es decir, a nosotras mismas? Esta pregunta tampoco es menor si consideramos que la ideología dominante es la de los mercados, en los que a diario se taza el valor de la vida, de las cosas y las personas y a partir de lo cual se define la editorial que establecerá las tendencias que determine nuestras relaciones, es decir, la manera de devenir objetoyomisma.

Pero lo que me hace este objeto tiene en su potencia un movimiento: estar “en relación a”, o, en el “entre”, el “intervalo”, la “interrupción”, lo que no es y no está allí ni acá, si no más bien en un movimiento indeterminado cuyos límites no estamos acostumbrados a experimentar. Se trata de un baile. La potencia de lo que me hace este objeto es un baile indeterminado. La indeterminación podría ser otra manera de expresar ese “entre”, eso que sucede entre una y otra cosa, sin velocidad ni coordenada determinada, sin instrucciones o pasos a seguir y que es pura potencia vaga. Un objetoyomisma no consabido en el discurso, como dice la RAE.

Bailar el baile de la indeterminación que provoca devenir objetoyomisma es estar en la pregunta ¿qué me hace este objeto?. Bailar el baile en pregunta, incluso antes del uno, más allá del desecho.

Sugerente, sexi: acortemos la distancia entre sujeto y objeto, impliquémonos con nuestra condición de objeto-sujeto para reventar el mercado a preguntas. Es que sujeto siempre pensó que era más esponja que cojín, y objeto más silla que martillo. En mi caso particular, comparto devenir fruteros.

Norberto

 

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